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Opinión:
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Cometario
del Mes de Noviembre 2006
"Discriminación y ficción en Madeinusa" |
por:
Gisela Cánepa K. |
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o
Acerca del carácter discriminatorio de Madeinusa y de la imposibilidad
de imaginar al individuo andino como sujeto de ficción.
La película Madeinusa ha generado una polémica en torno a
su carácter racista. Los argumentos esbozados para tal acusación aluden
principalmente a la falsa representación que la película haría de la
sociedad andina. A tal acusación se puede responder arguyendo que se
trata de una película de ficción y que por lo tanto está eximida de ofrecer
una representación fiel de los hechos. Si bien comparto el fastidio de
los que se sienten ofendidos por la película, me parece fundamental problematizar
al menos tres interrogantes: (i) ¿por qué el contenido discriminatorio
de la película es atribuido al problema de la ‘falsa representación’?;
(ii) ¿es el contenido discriminatorio de la película de carácter racista?;
y (iii)¿el carácter ficcional de la película exime al realizador de toda
responsabilidad?
En líneas generales mi argumento al respecto es que no se trata de una
película racista, ya que su contenido discriminatorio se funda en un
criterio moral y no biológico o fenotípico. Por otro lado, el contenido
discriminatorio de la película no se debe a un asunto de ‘falsa representación’,
sino que se funda en los personajes que construye, la trama que narra
y la relación que establece entre éstos y el espectador. La discusión
por lo tanto no debe plantearse en términos del valor representacional
de la película, sino que exige partir precisamente de reconocerla como
ficción. Es dentro de esta línea que argumentaré que el carácter ficcional
de la misma no es argumento suficiente para responder a los reclamos
hechos a la cinta.
* * *
Entre aquellas opiniones que encuentran que la película tiene un marcado
contenido racista, percibo al mismo tiempo el reclamo por una mayor fidelidad
en el retrato que la película hace de la sociedad andina. Pero ¿a qué
se debe que el contenido discriminatorio sea atribuido al valor representacional
de la película?; ¿por qué los personajes, paisajes y eventos son vistos
como referentes directos de nuestra realidad social?; ¿por qué resulta
tan difícil evadir una mirada documentalista de la película?; y, ¿qué
es lo que tal mirada esconde?
En primer lugar se podría argumentar que la frontera entre ficción y
realidad nunca es tan clara. Más aún, el cine -al igual que otros géneros
de ficción- constituye una forma de expresión a través de la cual
se configuran nuestras subjetividades que a su vez median la manera de
aprehender y experimentar la realidad. Por otro lado, no hay nada en
las imágenes en si mismas que nos indiquen si se trata de la realidad
o de una ficción; la clave por lo tanto nos la da el lenguaje propio
de cada género. Considero que para una audiencia peruana, más específicamente
limeña, las referencias a la ciudad de Lima como lugar de destino, así
como a una mina cercana al pueblo donde transcurre la historia, son demasiado
poderosas como para asegurar la construcción de un universo de ficción
contenido en sí mismo, que permita una lectura totalmente libre de asociaciones
a la realidad. Finalmente, el personaje masculino que llega de Lima al
pueblo, se construye como un testigo que, en complicidad con el espectador,
descubre ‘otro’ mundo. De tal sentido el modo en que la historia construye
a su espectador, favorece una lectura realista de la misma.
Sin embargo, quiero argumentar que tal lectura no es únicamente resultado
del modo en que es contada la historia, sino que ésta se funda
también en una tradición discursiva y visual en la que ha predominado
un acercamiento documentalista y etnográfico al hombre, la sociedad y
la geografía andinas. Tal tradición ha configurado al hombre andino sobre
todo como objeto de escrutinio y representación científicas, dificultando
su apreciación como interlocutor con el cual es posible dialogar, discrepar
y coincidir, o con el que es posible identificarse, al que se puede seducir
o por el que uno se puede dejar seducir. Se trata de una normalización
de la mirada de lo andino, que ha contribuido a negar la condición moral
de sus sujetos mediando así de manera significativa una historia de desencuentro
cultural. Es en tal sentido que entiendo que la exigencia por una mayor
fidelidad representacional en nombre de la no-discriminación contiene
una paradoja en la medida en que se encuentra en complicidad con la imposibilidad
de pensar la sociedad andina a través de sus subjetividades y mucho menos
de imaginar a sus individuos como sujetos de ficción.
Dentro de esta misma línea de argumentación considero que la posibilidad
de que el hombre y la mujer andinos puedan ser vistos como sujetos de
ficción constituye en si mismo un reto y una oportunidad de que el cine
peruano haga la diferencia con respecto a la tradición visual a la que
he aludido, contribuyendo de manera significativa a imaginar una nación
en la que la diferencia constituya un potencial y no un obstáculo. Es
precisamente en este punto donde considero que radica el potencial, responsabilidad
y límite de una película como Madeinusa.
La historia tiene un planteamiento inicial sumamente prometedor: Madeinusa,
el personaje principal, encarna a una joven mujer andina que tiene como
su sueño más preciado salir del pueblo donde vive en dirección a Lima.
Si bien se trata de una historia que puede considerarse común, ya que
alude a un aspecto central de nuestra historia reciente, como es el de
la migración de los Andes a la capital, en la película se resalta los
aspectos subjetivos e íntimos de tal proceso. Esto se expresa a través
del mundo de imágenes a su vez materializado en los objetos que Madeinusa guarda
en su pequeña maleta y que son evocativos de Lima como el lugar donde
la imaginación puede cobrar realidad. A esto se suma el hecho que
la madre de Madeinusa se encuentra en la ciudad, lo que refuerza
la idea de que el deseo de ir a Lima responde a un llamado y búsqueda
primordiales. Imaginación e individualidad se convierten en elementos
constitutivos del personaje, mientras que la agencia de éste se plantea
en términos de la capacidad de desplazamiento geográfico pero también
de trascendencia y realización personal. En tal sentido se trata de un
planteamiento doblemente interesante ya que no alude solamente a la posibilidad
de imaginar al hombre andino, sino a la mujer andino (doblemente discriminada)
como sujeto de acción.
De acuerdo a este planteamiento inicial el personaje de Madinusa parece
encarnar la posibilidad de una doble trascendencia: cultural a la vez
que de género. A lo largo de la trama Madeinusa juega estratégicamente
con los imperativos culturales, así como con los dos personajes masculinos,
el padre y el joven limeño. Ella participa de la puesta en escena de
la fiesta del pueblo con el fin de manipular el tiempo ritual y así poder
seducir al joven que la puede llevar a Lima, a la vez que reta las prerrogativas
de su padre sobre su cuerpo y su sexualidad. De este modo adquiere dominio
sobre su propio destino, al punto que al final de la película logra enrumbarse
sola a Lima.
Por otor lado, en la representación que se hace de la mujer andina a
través del personaje de Madeinusa se logra enfatizar la diferencia
a la vez que establecer puntos de encuentro entre éste y la audiencia,
de modo que se configura un espacio de encuentros posibles entre el mundo
andino y el mundo limeño. En otras palabras, es a través del tema de
la realización personal y del mundo de la intimidad que se constituye
la posibilidad de un diálogo intersubjetivo. Sin embargo, esta posibilidad
inicial es totalmente anulada una vez que se desarrolla y resuelve la
trama.
Si bien Madeinusa se impone logrando su objetivo de escapar
a Lima, esto ocurre a costa del empobrecimiento de su subjetividad dramática
en la medida en que su accionar no presenta tensiones, dilemas, ni puntos
de inflexión. Su agencia está marcada por una motivación ciega, terca,
irreflexiva y carente de moral –todas características históricamente
atribuidas al hombre andino-. La falta de moral del personaje no solamente
se debe al hecho de traicionar al joven de Lima, sino además a que su
motivación para salir del pueblo no pasa por una actitud crítica o reflexiva
de su propia condición.
Es aquí donde, a pesar de mantener agencia, el personaje pierde otro
elemento distintivo de la condición de sujeto. Se tarta de la condición
de sujeto de diálogo y acción intersubjetiva. Siguiendo la trama el joven
de Lima que había sido seducido por Madeinusa y que vuelve al
pueblo en su búsqueda con el afán de entender lo que sucede y siendo
fiel a su promesa de llevarla a Lima, se convierte en víctima. Allí donde,
de un lado hay compasión, complicidad y lealtad, del otro hay instrumentalización
pura. En otras palabras, el deslinde entre ambos personajes se plantea
en términos morales y no raciales, haciendo el diálogo imposible y el
encuentro improductivo.
Es en este punto donde el potencial de una película y particularmente
de un personaje como Madeinusa se desperdicia. De un planteamiento
inicial que parecía marcar una diferencia, se pasa a un discurso de exclusión,
en el que se reitera la figura de un testigo moralmente superior cuyo
afán por acercarse y comprender al ‘otro’ lo convierten en víctima. En
tal sentido, la versión del desencuentro cultural planteado en Madeinusa guarda
un lamentable paralelo con el tipo de explicaciones vertidas en el informe
del caso de Uchurahay acerca del asesinato de un grupo de periodistas,
por parte de un grupo de comuneros quechua hablantes. En la forma como
se han narrando oficialmente los eventos de Uchurahay, los periodistas
encarnan la figura del testigo del ‘otro Perú’, que en su intento por
comprenderlo inevitablemente será víctima. Se trata de una figura que
en el relato de Madinusa es iterada por el joven limeño.
Por otro lado, las explicaciones dadas en el informe, fundadas en un
relativismo extremo, han enfatizado el argumento del desencuentro cultural,
presentando además a los campesinos ya sea como víctimas o como un conglomerado
de personas objeto de manipulación por parte de agentes foráneos (ya
sea por parte de Sendero Luminoso o del ejército). El informe no nos
brinda elementos de juicio para comprender los hechos a partir de las
subjetividades y agendas de todos los agentes involucrados, y en vez
de aclararnos algo, ha contribuido a oscurecer los hechos, profundizando
las distancias y reproduciendo las fracturas sociales.
En un contexto como el actual, donde en el debate público se discute
la necesidad de reconocer y abordar el problema de la exclusión social
y cultural desde el estado, la empresa privada, los medios de comunicación y
la sociedad civil, toda forma de acción pública –incluida la producción
cinematográfica- requiere al menos de una actitud reflexiva y responsable de
quién toma la palabra y se aproxima al tema, desde el ángulo que sea,
incluso el de la ficción.
Gisela Cánepa K.
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